
Momentos en el bar
Pablo Iván
domingo, 25 de octubre de 2009
Prólogo

Los textos e ilustraciones que conforman esta obra fueron hechos íntegramente por Pablo Iván.
Colaboraron amablemente en su producción personajes notables como Fer Belzagui, José Plur, Magali, León, Pieper, entre otros.
Momentos en el Bar reconoce a Topi por su imprescindible aporte intelectual.
Las siguientes páginas son un homenaje merecido a todos los mozos de oficio, especialmente a los más experimentados, esos canosos y panzones, que son una raza en extinción hoy en día.
Colaboraron amablemente en su producción personajes notables como Fer Belzagui, José Plur, Magali, León, Pieper, entre otros.
Momentos en el Bar reconoce a Topi por su imprescindible aporte intelectual.
Las siguientes páginas son un homenaje merecido a todos los mozos de oficio, especialmente a los más experimentados, esos canosos y panzones, que son una raza en extinción hoy en día.
Proyecto parido en B° Güemes, Córdoba, 2009. Editado por La Tía producciones. Primera edición libro objeto agotada. Actualmente disponible en papel.
Aclaración importante: los textos están ordenados del mismo modo que el libro. Para poder leer todos los cuentos es necesario ir avanzando haciendo clic en la opción "entradas antiguas".
La sorpresa

Me era imposible acudir más ágil a verificar tu servicio Fabio, perdoname, es que estaba descorchando el vino un poco más allá, pero igual quiero que sepas que te miraba de reojo, y me tenías algo preocupado, porque era evidente que te pasaba algo ajeno, estabas pálido vos, y además yo te conozco, no digo que somos amigos pero nos saludamos casi todos los días, viste, y hablamos minutos de fútbol y de minas y de pavadas, y vos tenés buena labia Fabio, no sos ningún inexpresivo, y menos que menos tartamudo, por eso era rarísimo que estuvieras tartamudeando, atragantado pero con la boca sin comida, desesperado por no poder pronunciar, y nada capo, no te salía ni un si, ni no, ni uno, ni dos, ni do, re, mi, no soltabas ni una sola palabrita corta, nada más eran sonidos que yo no podía descifrar desde el otro lado del salón, escuchaba como un n-n-n-n-n…n-n-nn-n-n...nnn-nn…, y tus ojos tan estresados, de pura perplejidad nomás, cuánta cara de shockeado que tenías, no hacías otra cosa que concentrarle la mirada al plato, y ese n-n-n-n-n…, constante e insoportable que te tenía poseído, y yo ya no me aguantaba más, te juro, quería acercarme a tu mesa con urgencia, a preguntarte si necesitabas algo, si te podía ayudar en algo, cualquier cosa, traerte una panera, llevarme la botella vacía, o lo que fuere, y cuando al fin llegué, destrabé tu rostro que seguía apegado al plato, y no pude más que quedar sorprendido yo también, tal vez era un “¡¡¡no lo puedo creer…!!!” lo que tratabas de decir, y no era para menos, porque ese bife que ordenaste no era carne mi viejo, sino un pedazo de vaca vivo, un pedazo de vaca cagado de hambre, que te estaba morfando toda la guarnición.
La confesión

Y esta mañana explotó don Víctor, y me aclaró cada detalle de mi persona que se le cantó, que soy un inútil, un bobi, un bueno para nada, ineficiente, caradura, sinverguenza, borracho, que le tengo las pelotas llenas, que me banca y me banca, y ya está podrido de eso, que no le pongo huevos, que no sabe en qué mierda estaba pensando cuando me tomó, que hasta su abuela en tacos lo haría mejor, que a esta altura de la vida ya no tiene ganas de renegar con pendejos como yo, que hago puras cagadas, que siempre llego tarde, que soy irresponsable, y que puede hacerse el boludo pero no lo es, y que yo le tomo como tal, que me da la mano y le agarro del codo, y prosigue el sermón, pero hasta cuando, que me vaya poniendo las pilas de una vez por todas, por lo menos en las horas que me está pagando, porque sino él va a tener que tomar algún tipo de medida, y no quiere llegar a esa determinación, que hasta acá llegó su paciencia, y yo lo entiendo a don Víctor, por eso le pedí que se tranquilice, que le estoy pidiendo perdón, porque que yo sepa no lo hice a propósito, no era mi intención equivocarme, simplemente me distraje un segundo, me colgué un poquito bah, y le entendí todo mal, cuando me mandó a comprar dos kilos de pechuga y le traje por error dos de lechuga.
El servicio

Desde que descubrí que mi verdadera vocación era ser mozo, es que asumí que mi deber era servir a desconocidos, a estar atento a las señales de los pedigüeños, a concurrir a recibir sus mandados, que son muy frecuentes, y es natural, pero el caballero de la mesa cuadrada la verdad que un poco me enfada con sus pedidos exclusivos, que se yo, todo esto sucede desde que nos conocimos, y lo que en principio me pareció un trato raro, terminó por serme habitual, y me acostumbré, qué queres que te diga, el caballero tiene una extraña exigencia, quiere que cada parte de mi cuerpo le brinde servicio, por eso me solicita cosas insólitas como “alcanzame el diario, pero con las orejas”, y yo me pongo la sección principal en la izquierda, y la de deportes en la derecha, y se las llevo como puedo, o también me pide que estire los brazos como espantapájaros, y los usa como perchero para colgar saco y bufanda, y la lista continúa, porque me manda a que le presté las rodillas, y así apoyar sus zapatos y atarse los cordones, y eso no es todo, lo más fatigoso es hacerme poner en cuatro patas, y usar mi espalda como mesita para apoyar su notebook, y te puedo seguir enumerando, porque me dice “haceme el favor, cortate un dedo, lo quiero usar como grisín”,y achurármelo, dárselo, fue fuerte, se me bajó la tensión, y encima sigue cebado, y me encarga bajar el aire acondicionado con la nariz, y no hay caso, me cuesta un toco embocarle a la tecla indicada con el naso, pero presiento que mi recompensa está al caer, y no es que yo sea un masoquista ni que quiera reventar, lo cierto es que estoy dispuesto a resistir un poco más, puesto que cada vez son menos las partes de mi cuerpo que le quedan por estrenar, y ojalá me ordene lo que tanto estoy esperando, que me pida que use mis labios para besar a su esposa, que me encanta, porque nunca me pide nada y es hermosa.
La duda

Te confieso que a mí también me daba mucha incertidumbre y un poco de asco de sólo imaginarlo, y que ya me daba cosita la desconfianza, caminaba por el salón y el tipo desde la mesa me llamaba, y se quejaba de su plato, porque según él la carne estaba demasiado seca, “para suelas ya están los zapatos nene” me ironizaba, a mí mucho no me importaba su problema, pero me venía como anillo al dedo, porque te soy sincero, ni siquiera me cayó bien la forma en que me lo reclamó, no el reclamo sino la forma, pero bueno, a mí este acto me daba la tajada perfecta para iniciar mi proyecto de investigación, así que entré haciéndome el enojado a la cocina, y le dije al Pelado que el gil de la diecisiete reclamaba que su plato estaba quemado, y que el cocinero era un inútil que no servía para nada, y al mismo tiempo veía como al Pelado se le relinchaban los dientes y se amotinaba, yo le dije arreglalo que ya vuelvo a buscarlo, pero era mentira, daba la vuelta y me escondía atrás de la heladera, y de a poquito y con cuidado lo espiaba, porque mi intención desde un principio era averiguar si los cocineros escupen los platos que vuelven para vengarse de los clientes que los critican, y yo seré flor de chismoso, pero jamás buchón, así que por ende me guardo el secreto.
El cliente

Pero mirá lo bueno que está, dijo la recepcionista mientras lo miraba al pasar, es un divino, encima con la elegancia que se viste, y su perfume tan singular, y sus modales refinados, por Dios, mirá lo bien que le queda ese peinado, mirá esos brazos, esa cola, y además su seguridad para caminar, parece como salido de alguna película de Hollywood, o de algún otro planeta lejano, y que me decís de esa sonrisa, que dientes perfectos, de seguro es por lo bien que se alimenta , bomboncito, porque no sé si te fijaste el buen gusto que tiene, siempre comiendo salmón rosado, y bebiendo champaña, que pedazo de hombre, sin dudas el príncipe azul que todas soñamos, sí, es todo lo que vos quieras, interrumpió a secas la camarera, pero es una rata que no deja nunca ni dos pesos de propina.
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